Mis amigos me dicen que vaya vergüenza de blog. Que no escribo nada y que más me valdría escribir aquí alguna de las chorradas con las que a veces les martirizo. Porque los blog están para eso: para escribir esas cosas que piensas y que en realidad no deberías contar a nadie. Para exagerar y que nadie se asuste. Porque en un blog vale todo. Con mi manía de no escribir nada, de cerrar todas las espitas de la olla a presión, presiento un final inevitable: El BIG BANG!
Hablando ayer con un amigo me acordé de que existen los premios Darwin. Se trata de un premio que se concede a aquellos miembros de la especie Homo Sapiens que han mejorado el patrimonio genético de la humanidad matándose o esterilizándose de las formas más absolutamente estúpidas: haciendo juegos malabares con granadas de mano (Croacia, 2001), saltando de un avión para fotografiar paracaidistas... sin llevar paracaídas (Carolina del Norte, 1987)o usando un mechero para iluminar un tanque para comprobar que no había escapes de gases inflamables (Sao Paulo, 2002). Un poco macabro, pero hay que admitir que te partes...
"¡Oh maravillosa independencia de las miradas humanas sujetas al rostro por un cordón tan largo, tan suelto, tan extensible, que pueden pasearse ellas solas muy lejos de él!" Marcel Proust. À la recherche du temps perdu. Du côté de chez Swann. (Colaboración de Angel Luis S Ch, www.lomohomes/odinn )
En una empresa de telemarketing que he visitado esta mañana resulta que han colocado un espejo gigante delante de sus teleoperadores para obligarles a sonreir cuando hablan por teléfono. Según se dice es mucho más agradable hablar por teléfono con alguien que está sonriendo. Lo que nadie ha tenido en cuenta son los sentimientos de las sonrisas cuando se les obliga a prostituírse.